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ENTREVISTA AL ESCRITOR Y GESTOR CULTURAL DOCTOR VÍCTOR ANTONIO ESTRELLA RODRÍGUEZ

Por Arelis Albino


Víctor Antonio Estrella Rodríguez es un hombre que posee un puño que no se cansa y una pluma que no se agota. El escritor Puro Tejada lo compara como un juego de espejos. La luz entra por algún lado y se refleja en formas múltiples, extrañas. Unas veces es el doctor Estrella, otras Vici, otros con algún término ritual fuera de los mortales comunes, este personaje

ejerce con sus manos el sagrado misterio de producir, y vaya si produce: Poemas, cuentos, ensayos, esculturas, instalaciones, saturas, pintura, y lo asombroso es que para todo, hasta para ser padre, tiene un tiempo y una sonrisa.

Este extraordinario hombre de cultura sacó un espacio de su ocupado tiempo para concedernos esta entrevista que hoy compartimos con ustedes, para el taller literario Virgilio Díaz Grullón, que el pasado año el entregó el premio Narciso González (Narcisazo), el cual se entrega a personas e instituciones que se dedican a la preservación y promoción de la cultural dominicana.

¿Cómo se inicia en la literatura? Paradójicamente, cuando yo estaba en bachillerato y me hablaban de la literatura, decía que la odiaba, porque la metodología que se utilizaba para ese tiempo era de memoria, de repetir, igual que el libro, las biografías de los autores. Entonces no te incentivaban con el tipo de obra y no te la dramatizaban, no te ponían a analizar, sino a aprenderte una biografía y para mí eso era traumático, porque yo siempre he tenido una capacidad de memoria fatal, no obstante, desde pequeño, tenía el deseo de escribir un libro.

Mamá decía, y yo recuerdo, que cogía un papel y me ponía a decir los discursos de la época, que era la de Trujillo. Después, cuando estaba en el bachillerato, me ponía a escribir en una máquina mecánica, muy vieja, página por página, un libro sobre ciencia, rebus-cando entre la Física y la Química.

Comencé a hacer algunos escritos que más tarde, cuando entré a la universidad, lo releí y lo rompí, porque consideré que no tenían mucho valor, porque ya
yo empezaba a leer obras. No inicié con la literatura, sino por lo científico, porque mi obsesión siempre fue la medi-cina. Empecé a leer los investigadores de microbios y esos tipos de obras y poco a poco fui penetrando a la literatura.

Recuerdo que una de las obras que leí fue la Thomás Man, La Montaña Mágica, que es una obra voluminosa, pero como estaba relacionada con la medicina, la encontré muy interesante.

A mí me pasó una anécdota muy buena; cuan-do estaba en tercero de la primaria en el Instituto Iberia, teníamos un profesor, y él nos aconsejó que leyéramos, constantemente, para aprender, Edmundo Amicis (Corazón) y recuerdo que mamá fue quien me leyó el libro, porque aunque yo sabía leer, la educación era muy diferente a la de ahora. Y ahí empecé a leer el cuento que se llama Sangre Ramañola.

Cuando emigré a España, en 1965, me codea-ba con gente de otros países. Me inscribí en un círculo de lectores, relacionado con librería Bruguera, que nos daba libros a plazos, ahí compré Los Miserables, de este modo le cogí amor al arte y empecé a escribir. Surgió el primer poema, titulado Quisiera ser, publica-do en el libro Fario. Alquilé una máquina y me puse a escribir.

Usted es un artista completo, ha explorado las múltiples facetas del arte, como son: La poesía, la narrativa, el ensayo, la escultura, hace instalaciones, saturas, pinturas, además de escribir la columna semanal, Gota Cerebral, dirige, edita y distribuye el boletín Psiquis y Folium, así como ejercer la carrera de medicina, que le quita tanto tiempo. ¿Cómo distribuye el tiempo para que le alcance para tantas cosas?

Para todo hay que programarse. El tiempo no se compra y no se puede perder. Tenemos muy poco tiempo de existencia y es necesario dar lo que más podemos de nosotros mismos, aunque eso no se remunere económicamente.

Debemos acostarnos tarde y levantarnos tem-prano, planificar cada cosa. Sacarle al tiempo el máximo, no dejarlo para mañana. El error más grande es decir yo lo hago mañana y no comenzarlo en el momento.

¿Que le gusta más: pintar escribir o hacer esculturas? Yo mismo no sé, porque está con lo que me estimule en el momento dado. Lo que hago es con todo mi fuerza, mi voluntad y mi vocación. Usted no sólo es un artista, sino también un gestor cultural. Además de ser miembro de algunas instituciones culturales, llegando a ser presidente de algunas de ellas, en varias ocasiones, también fue quien le dio continuidad al Taller Literario Líttera, que en su momento jugó un papel importante, porque fue el primer acercamiento de algunos jóvenes a la literatura, y que ahora son escritores, poetas, gestores culturales, como es el caso de Andrés Acevedo, Enegilo Peña, Ramón Cabral de la Torre, entre otros. ¿Qué significó para usted este grupo?

El taller lo fundó Hugo Gil, profesor de Literatura de la Universidad Católica Madre y Maestra. En esa universidad había un taller llamado Líttera, entonces él quiso formar otra Líttera fuera de las aulas. Nos reuníamos en la Sociedad Cultural Alianza Cibaeña todos los lunes. Entró Enegildo Peña, Andrés Acevedo, Alberto Díaz, Teresa Sánchez, Ramón Cabral de la Torre, Tomás Erikson, Virgilio Hernández, Pedro Pablo Marte y Ramón Peralta.

Se creaban polémicas interesantes. Muchas personas se ponían bravas, pero era con el fin de que aprendieran. Si yo no hubiera estado en Líttera, todavía estaría muy verde, porque Hugo me aconsejó mucho. A quien verdaderamente se le debe todo eso es a él, porque nos orientaba.

Algo que me llama mucho la atención de sus cuentos y novelas, es que a pesar de usted ser médico, es decir, preservador de vida, casi siempre mata a sus personajes, como por ejemplo, en la Tragedia de Rita Celestina y otros cuentos. ¿Por qué esta separación? Esa es una paradoja de la literatura. Son cosas que a uno le surgen. Yo tenía, hasta no hace mucho, una obsesión por la muerte. He comprendido la muerte; no le temo. Tengo mis conceptos, porque perte-nezco a la orden Los Rosacruces y nos dan una idea cla-
ra de lo que es y nos preparan para ese cambio, con eso no quiero decir que me quiero morir. La muerte ha sido un tema que he tratado, tanto en la pintura como en la literatura y la que he vivido en la familia y la medicina.

¿Cuál es la mejor obra que usted ha escrito, tanto en la narrativa como en la poética? Ese es el gran problema, el cual se lo han preguntado a muchos escritores. Yo leí una frase, que dice que la mejor obra es la que se va a escribir, porque uno nunca está conforme, siempre quiere escribir algo mejor. Cuando uno está haciendo una obra, quiere otra que sea superior. Ahora, de que hay una obra que a uno le impresione, o que le guste ahí cambia la cosa. Yo quedé muy satisfecho con la exposición que hice con el tema La Muerte y Yo, en 1999, pero me sentí muy complacido con la retrospectiva que hice en Casa de Arte, porque pude exponerle a la gente, con sencillez, el proceso del inicio de mi pintura hasta la fecha. Cada obra yo la precio muchísimo.

Dijo Virgilio Díaz Grullón que el escritor escribe, en suma, para poderse liberar de sus demonios. ¿Cuáles son esas cosas que usted ha tenido que decir en la literatura o cuáles son esos demonios que ha tenido que liberar? La escritura como la pintura es una terapia. Aunque no me gusta mucho esa palabra, porque lo que quiere decir es tratamiento. Yo he tenido la dicha de poder crear.

Su poesía es más tradicional, todavía con ese toque romántico, porqué usted ha preservado este estilo o forma de escribir cuando ya hay nuevas corrientes literarias y poéticas. El amor no muere, cambia con la época, la forma de enamorarse y de abordar a una mujer, pero el sentimiento es algo impreso en el ser humano, el hombre se sigue enamorando, o sea, que no pasa de moda. De la música del año 50 hay un programa y es porque a la gente le gusta. Aún con todos los cambios que ha habido, ese romanticismo se mantiene, quiérase o no.
Hay poesía mía que no entran dentro de lo romántico, son poesía muy etéreas, muy sutiles. Hay un poemario que se llama Cinco poemas al hombre, que es el análisis, visto desde el punto poético, del hombre y cómo se maneja en la sociedad. Hay otro que se llama La Isla del Hastío, que es la visión, en parte, de los problemas históricos de lo que sufre un país como el de nosotros, pero sí la poesía tiene que tener algo de romanticismo.

¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrentan los artistas de hoy? La vida de los artistas: pintores, escritores, entre otros, todo el tiempo ha sido frustrante, salvo algunas excepciones. Casi siempre la gente que se dedica a la literatura no saca beneficios. Ha venido un boom de la literatura, se han aprovechado muchos materiales, pero los que se enriquecen son las editoriales.

Las personas que quieren hacer cosas están impedidas, porque hay que dedicarse también al trabajo. Otra cosa es que todo está concentrado en la capital y eso impide el desarrollo, en término cultural.

El gran escollo que tememos aquí para el desarrollo de la obra artística y literaria es el analfabetismo, y no es que no sepan leer ni escribir, sino que cuando coge el periódico, lo que leen son los chismes políticos, la pelota la leen por las apuestas, leen la política porque eso es lo que se maneja y los crímenes, entonces ese tipo de alfabetizado analfabeto no te coge un cuento, no te contempla una pintura y hay otro tipo de gente que tiene los medios económicos, va a las exposiciones, pero para salir en el periódico y va a los conciertos para que los vean, pero no disfrutan sinceramente de la obra.

Esos concursos que hace León Jimenes es lo que ha salvado a Santitago, en parte, porque le da la oportunidad a muchos artistas. Pero la gran frustración es la poca capacidad interpretativa del arte y la literatura que tiene la población común.

Se le puede pedir a la Secretaría de Cultura, respetuosamente, que en vez de estar anunciando, por ejemplo, una actividad que la pasan 50 veces por televisión, que cojan unos minutos y les hagan una biografía o les digan algo importante a la gente, tratando de educar a la población, que de mucho repetirlo se lo aprenden. Que se digan cosas culturales, porque así es que el pueblo la asimila. Si no tenemos un pueblo edu-cado, aquí no se va a preservar nada, todo se va a ir perdiendo.

Usted ha sido uno de los escritores de Santiago que ha publicado, sino el único, tantos trabajos: folletos, libros entre otros, sin embargo, algunas personas del ambiente cultural han dicho que debió publicar menos y así, quizás, hacer una o varias obras con más calidad literaria. ¿Cuál es su opinión sobre eso? Lo que está escrito, está escrito y lo que está publicado, está corregido. Si tiene calidad o no el tiempo lo decidirá. Yo no he creído nunca que para que una obra literaria sea buena tiene que estar muy bien encuadernada.

Si tu no tiene el medio para publicar una obra con una estética majestuosa para causar impresión por la presentación, entonces tú no va a publicar nada, mis obras son sencillas porque es el medio que me lo permite.

El que tiene 25 años puede darse el lujo de esperar. Yo tengo 65 y no sé en qué momento me voy a morir. No quiero tener, y no es que vaya a ser así, la desdicha de que a la hora que uno se muera, algunos papeles que anden por ahí, lo voten sin querer, porque nadie sabe el valor que tiene.

Si uno se lleva de pensar que esta obra no le va a gustar a fulano, esta obra no sirve, no la voy a publicar, entonces uno no va a disfrutar de las críticas buenas o malas, de la opinión que te den sobre la obra.

¿Se siente completamente satisfecho con el trabajo realizado en el área cultural? Eso hay que aclararlo. Me siento satisfecho, porque la Providencia me ha dado la oportunidad de manifestarme; he tenido cabida en muchos círculos de la sociedad de Santiago. Tengo personas que me han apoyado, que me han estimulado y han acogido mi trabajo. Mi labor no ha terminado.

Muchas cosas de las que yo soñaba cuando estaba chiquito las he podido realizar. Una es que yo anhelé fue ver un libro mío en un ecaparate de una librería y ya la tengo.

¿Cuáles son sus proyectos de ahora en adelante? Tengo algunos libros más escritos en los 85 y 90 que lo estoy corrigiendo, tengo en proyecto una exposición en febrero, donde se va a crear una tertulia literaria, revivir a Psiquis, además de eso tengo otra exposición en abril conjuntamente con la novia de mi hijo y un proyecto de una novela.

¿Siente que la sociedad de Santiago ha asimilado su trabajo y si cree que ha logrado el propósito que quería en los diferentes tipos de público? En cuanto al nivel de la pintura, escultura y es-critura yo hago el trabajo. A algunas personas les van a gustar a otros no, pero sí he recibido la satisfacción de que muchas personas me dicen que le gusta mi pintura, o no le gusta, pero me dicen que es un trabajo bueno y delicado. Me expresan también que las ven, aunque no la entienden, pero que la sienten como un aporte a la cultura.

Algunas instituciones me han reconocido y ya eso es para mí algo extraordinario. La obra está ahí, va-mos a seguir trabajando.

SU TRABAJO COMUNITARIO

¿Qué tiempo hace que trabaja con las comunidades y por qué lo hace? Cuando yo llegué graduado de médico de España en el 1968, lo primero que me inquietaba era la ignorancia en el aspecto sexual y al año de estar aquí organicé el primer curso de orientación sexual que se daba en el país en el barrio Los Pepines, donde participaron el doctor Gómez Estrella, el doctor Antonio Zaglul, la doctora Mundeta de La Vega, y el doctor Israel Castillo, entre otros. En ese curso se inscribieron 30 personas porque la gente decía que eso era una indecencia. Y después que terminó el curso y se le dieron certificado a la gente, ellos salieron haciéndole propaganda de tan bueno que fue, entonces tuvimos que organizar un segundo curso y tuvimos que parar las inscripciones en cien, porque ya había mucha gente. En ese tiempo también estaba en formación el grupo cultural La Roca, donde estaba Marcos Tejeda, Fabio Ortiz, Margarita Torres Cuquito Paña, Carolina Cepeda. Este grupo me invitó a la Alianza Cibaeña, donde se dio la primera conferencia sobre Sigmund Freut, que la gente casi no lo conocía.

Después ingresé como conferencista de los cursillos prematrimoniales de la Iglesia Católica ahí duré aproximadamente, doce o trece años y luego ingresé a PROFAMILIA, laboramos aproximadamente durante 15 años dando conferencias a nivel de barrio. Aquí había muchos clubes culturales en los años 70. Solamente en Pueblo Nuevo eran ciento y pico y yo tenía, más o menos, tres conferencias semanales a nivel de barrio.

En 1972 fundé El Círculo Paracelso, una institución que tienen las cuatros vertientes: ciencia, filosofía, cultura y misticismo, es decir, que ahí le daba cabida a todo, hemos elaborado durante 30 años. Formé El Instituto Dominicano de investigaciones de parasi-cología, aún vigente.

MÁS ALLÁ DE LA ENTREVISTA

Víctor Estrella Rodríguez ha sido presidente de varias instituciones culturales entre las que se encuentran La Asociación Médica de Santiago, el Ateneo Amantes de Luz y La Sociedad Cultural Alianza Cibaeña Inc. Además ha sido fundador de otras, entre las cuales se destaca El Círculo Paracelso, Inc., El Círculo Psicoanalítico, El Instituto Dominicano de Parasicología. Miembro fundador de la sociedad de Escritores de Santiago. Es miembro de Casa de Arte. Fue ganador del segundo premio de concurso El Médico en la literatura de la Asociación Médica Dominicana, el 1978 con el cuento La Tragedia de Rita Celestina.

Colaboró con el periódico Néktar fundado en el (1992) por María Teresa Sánchez, su esposa. Recibió mención de honor en uno de los concursos de Arte de E. León Jimenes, con su cuadro Cazador Egipcio.

RECONOCIENDO SU TRABAJO

En 1967 recibe reconocimiento de La Asociación Universitaria de Estudiantes de Barcelona por su labor y conducta del estudiante. Por su trayectoria y servicio en la Alianza Cibaeña en 1977. El Colegio Cardenal Veras lo reconoció por su aporte cultural a los estudiantes. Esa misma institución le puso su nombre al laboratorio de Biología. Ha sido distinguido dos veces por el Ayuntamiento de esta ciudad: en el 1994 por sus méritos literarios y valiosos aportes culturales a esta sociedad; en el 1999 lo declara como médico y poeta distinguido de Santiago. En el 2002 el Taller Literario Virgilio Díaz Grullón le entrega el premio Narciso González (Narcisaso) por su labor en la gestión cultural.

SUS POEMAS

Mis poemas
son la emanación
De un dolor inescrutable.
Tienen una rima
que se desvanece
en tímpano perforados.
Esos poemas
son pestañeos de mi extraño
universo
y se extinguen
en alas de falenas
Moribundas.
Son soledades
ideas a veces natimuertas;
estrellas fugaces
ríos tumultuosos
que se desbordan
en áridos campos
de zarzas ensangrentadas.
Esos poemas
son lamentos de cipreses,
silencios de intimidades,
operaciones de camposantos.
Mis poemas
Son alegrías,
pero son mis poemas
aunque resulten antipoemas.




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LA URGENCIA DE TRASCENDENCIA HA SIDO MAL CONSEJERA PARA MUCHOS ESCRITORES

Arelis albino

Por Arelis Albino

Problamente ni yo sea el hombre,
Ni tú la mujer, ni este el amor;
Mas, de la impotencia emerge la ingenuidad como flor necesaria.
Esta era indolente precisa de cada quien un acto de inocencia,
Un gesto heroico, sublime, aferrado a ideales cristianos,
Donde palpite la ternura como única alternativa.
Sé en mí y seré en ti,
Seamos juntos, uno y de los demás en nosotros,
Como si nos quisiéramos realmente.
Sembremos de luminosas semillas
Nuestras ocultas biografías
Hagamos una epopeya grande, mágica,
De este poema particular y simple que callamos.

Este es un fragmento del poema Ángel de Seducción de Fernando Cabrera, él tiene publicado, además, El Árbol y Planos del Ocio, obras poéticas y un ensayo titulado Imago Mundi,) Lecturas Críticas) 1995-1999. El Arbol ganó en 1992 el concurso de poesía que otorga Casa de Teatro, Angel de Seducción ganó el premio Pedro Henríquez Ureña que otorga la Universidad del mismo nombre, estos dos últimos libros fueron traducidos al inglés y publicado en ediciones bilingües. Este año ganó el Premio Nacional de Poesía que otorga la Universidad Central del Este con el libro Destierros Curriculum Vitae.

Fernando dice en Planos del Ocio Si bien disfruto del silencio rechazo la indiferencia- En esta entrevista conversamos sobre su poesía, de la literatura de provincia, de los premios literarios y sobre lo que él cree, debe hacer el escritor actual.

1.- ¿Para qué público escribes?

Al escritor canalizar un impulso creador, al enfrentarse a una página en blanco, necesariamente obvia intereses circunstanciales de sociedad y de mercado, en procura de dotarlo de la forma y dimensión intuida o sospechada, importa develar la inquietud o el misterio sobre la base de las reglas aprendidas en muchas horas de entrenamiento u oficio.

Una vez concluido el proceso de concreción de lo pensado, de lo intuido, en la obra, acaso ella misma perfila la sensibilidad receptora, su público. Cualquier violación a esta dinámica, cualquier concesión puede redundar en una simplificación de las mismas potencialidades del texto en función de beneficios absolutamente extra-literarios como el dinero o la popularidad, que no siempre aportan validez ni calidad estética.

Poco es lo que puede hacer un autor con relación a la elección de público para sus obras. Aún en esfuerzo aparentemente dirigidos como los libros Alicia en el País de la Maravilla, de Lewis Carroll, y el Principito de Antoine De Saint-Exúpery, denominados infantiles, pero que su oferta sobrepasa con mucho la capacidad interpretativa del público supuesto. De ahí que considere que las obras literarias, y más las poéticas, escogen su público lector.

2.- Dices que tu poesía fluye sobre una estrategia escritural distinta, escribe poemas extensos, estructurados, con propuestas narrativas más que líricas, además te sientes en la línea de continuidad y no de ruptura de la poesía dominicana de todo el siglo recién pasado. Si muchos escritores jóvenes claman por una ruptura en la literatura... ¿porqué quieres seguir con una literatura tradicional?

La urgencia de trascendencia ha sido mal consejera para muchos escritores, puesto que les ha hecho centrar esfuerzo e interés más que en el lenguaje, en la búsqueda de expresión de sus interrogantes trascendentes, en el proceso de creación literaria, en un maratón de justificaciones circunstanciales de primacía y liderazgo, a todas luces poco sustentables e innecesarias. En vez del proceso natural de realización a partir de los frutos de su intelecto, de su oficio, muchos han caído en la tentación de la confrontación teórica, de la auto-celebración, del mercadeo, ilusionándose e ilusionando a otros, cual si la literatura fuese una carrera de velocidad y no de relevo, de resistencia. Ahora es usual que quien quiera destacarse surja con teorías y patrocine movimientos y generaciones, con un fardo de inverosímiles propuestas que prontamente el tiempo y la prudencia relegan. Este tejer y destejer, a lo Penélope, ha sido un virus letal para el avance real de nuestra literatura, los enfrentamientos estériles seguro han limitado las posibilidades de muchos de nuestros escritores.

La literatura, si bien no evoluciona sobre una continuidad predecible, tampoco lo hace a saltos aleatorios; sino que va de manos de su historia, influida por las obras de sus figuras recientes, y las características de su tiempo presente. Toda reformulación radical, todo inicio desde cero, carece de sentido, a menos que se aspire, a la larga, a la simple reiteración propuesta como hallazgo. Conocer y dar aprovechar los logros de otros, en este caso de las obras de autores como los postumistas, sorprendidos e independientes del 40, los cuales determinan nuestra cima poética, es una ambiciosa y lógica aspiración, una responsabilidad que muchos de los poetas recientes asumimos. La tradición de por sí es un valor, aunque el intentar plasmarla o recuperarla para solucionar las interrogantes actuales es tan erróneo como el ignorarla. Se debe aprender de la tradición como en el taller se aprende del maestro, para con los métodos y las herramientas resultantes de las circunstancias nuevas, fundar el siguiente paso, para llevar la literatura al siguiente estadio, el de la contemporaneidad.

3.- El poeta y escritor José Mármol en un comentario que hizo de tu obra dice con esta forma de escribir, desde un primer momento te colocan en el reducido número de autores jóvenes signado con tal atrevimiento. ¿Qué persigue con este estilo de escribir?

Todo escritor aspira a desarrollar un estilo peculiar, aportar un acento distinto, complementario, a los existentes; busca impregnar de originalidad, aún cuando esta sea una aspiración utópica, los mecanismos del género en que se desarrolla, de su lengua. El estilo no se da de forma fortuita, sino que es reflejo de la forma de ver y pensar e interpretar el mundo, tiene mucho que ver con la formación del autor, de sus lecturas preferidas, y de su intencionalidad al escribir.

El interés por enhebrar sistemas me ha llevado en la poesía a estructurar propuestas sostenidas, que si bien reúnen los elementos de emotividad y reflexión de la poesía más común, también procuro ampliar la capacidad de sugerencia de cada texto individual mediante la relación con los demás textos que componen un libro, incluso mediante asociación de significados, cuando no de similitud de estrategia discursiva, con los demás libros. No todos los autores, en especial aquellos denominados sanguíneos, están dispuestos a domar la emoción espontánea ni a enfrascarse por años en una tarea que no tiene fin, prefieren enfocarse al asombro inmediato. En mis extensa propuestas también procuro el asombro, pero en función del aporte de múltiples elementos que se dispersan y organizan sistemáticamente; trabajo incansablemente la forma, que en poesía esta definida por palabras, hasta aproximarme al decir deseado.

4.- ¿El lenguaje que utilizas tiene una musicalidad específica y los escritos poseen una estructura variada... ¿Aplicas los conocimientos que tienes sobre la pintura y la música a la poesía?

El objetivo del poeta no es lograr una homogeneidad, que podría resultar empalagosa, sino la armonía de elementos disímiles y los oportunos contrastes. Tópicos como intensidad, tiempo y redundancia sonora, resultan familiares al músico, cuya obra depende de la forma en que se organicen sincronicen sensoriales el sentimiento. Tener algún acceso a estas ventanas de sensibilidad, a estas formas de reorganizar la percepción del mundo, definitivamente aporta ventajas para la poesía. Quisiera pensar que algo del aprendizaje hecho en una diversidad que algunos podría llamar dispersión pueda ser percibida por los lectores de mis libros.

5.- En Ángel de Seducción narras el amor experimental, tímido, impregnado de ese temor al pecado, emite una sensación de rechazo al compromiso, a sentirte atado a una mujer. La presencia femenina está con un sentido de que es algo necesario para cubrir alguna necesidad. ¿Refleja en esta obra alguna experiencia de adolescencia?

Ciertamente uno de los planos en el que se desenvuelve, acaso el más evidente, es el de una relación amorosa un tanto tumultuosa que evoluciona desde el simple enamoramiento, la pasión, los celos, hasta las dolorosas partidas y los previsibles retornos; es decir, el ciclo característico de muchas relaciones conocidas. Sin embargo, esta lectura un tanto lineal debe disparar al lector a otras interpretaciones más simbólicas, donde se tropiece con la búsqueda de realización del ser humano, su andar agitado tras la felicidad terrenal, la cual deviene en entidad utópica, en ir y venir, en valles y simas. Intenté presentar, quizás sin lograrlo, a la humanidad de este tiempo atrapada en soledades terribles pero que ingenuamente todavía, sin importar los fracasos, aún es capaz de soñar. Más que una experiencia autobiográfica, que bien pudiese ser, perseguí un lugar de sensibilidad común.

6.- En una de tus obras dices: Cada criatura necesita creer en algo o en alguien... ¿En qué cree Fernando Cabrera?

Es un verso de Ángel de Seducción, la estrofa completa dice: Cada criatura viviente/ Necesita creer en algo o en alguien; / poseer, al menos, una pasión, /una lumbre alucinante que lo proteja. Las creencias ofrecen explicaciones donde no las hay, dan seguridad y sentido cuando reina el absurdo, cuando uno se aproxima a eventos terribles e inexorables como la muerte; sirven de alivio cuando no bastan las capacidades humanas. Para no creer se necesitaría estar en perfecto conocimiento de causas y efectos, ser Dios. Pese a lo escéptico que soy, acepto que creo, aún cuando no me sea fácil definir o identificar el origen de mi creencia.

7.-¿Eres tímido por naturaleza?

Definitivamente no soy extrovertido, evito socializar cuando el número de personas sobrepasa los dedos de una de mis manos; pero, más que tímido me considero discreto, pues nunca rehuso integrarme a actividades en donde los roles estén claramente definidos.

8.- ¿Qué significó para ti el haber participado en el conversatorio con el escritor Mario Vargas Llosa en el Gran Teatro Cibao, conjuntamente con Carlos Fernández Rocha y Edwin Espinal?

Siempre dá satisfacción el compartir con una persona que representa un grado de realización deseado. Mario Vargas Llosa es sin dudas uno de los grandes novelistas latinoamericanos de todos los tiempos, con posibilidades sobradas para ser prontamente Premio Nóbel. Me emocionó ser parte de un acto, que más que puesta en circulación de una obra altamente urticante, fue renovación de la utopía, pues de alguna manera nos mostró que la literatura al igual que la música Pop o el Béisbol, y esto sin ironía, aún era capaz de convocar multitudes y de generar similares ingresos.

Fernando Cabrera
9.- ¿Por qué combinas los elementos religiosos, filosóficos y mundanos en tu poesía?

Yo aspiro a una poesía tan profusa, tan diversa, como la vida; a una poesía que proporcione una visión holística, integradora, de la humanidad y el universo; una poesía capaz de sugerir con verosimilitud, con asombro, otros ordenes posibles. El ser humano toca cada día todos los planos, su vida constantemente se mueve de lo concreto a lo abstracto, de lo real a lo imaginado, y todo se confunde se procesa en su interior de forma inefable, a veces irreducible. De alguna forma hemos hecho que ningún tema exista sin nuestra humana presencia o ausencia. Atar la poesía a contenidos, encerrarla en unas cuantas posibilidades significantes, sería cercenar la capacidad misma de sugerencia del lenguaje.

11.- ¿A qué te refieres cuando dices:

Nosotros./ Seres sin posibilidad de asombro...
Son versos del árbol, el texto completo es: Nosotros./Seres sin posibilidad de asombro/ perdiendo algo irreversible en cada huella;/ reinstaurando, y esta vez hasta la eternidad,/la dinastía de la mayor aberración y el miedo mayor,/aquel que sólo engendra la muerte,/ porque aferra a la vida... Refiero la cita completa, porque es la forma de poder apreciar todo el contexto del verso, lo cual importa en este caso puesto que nos refiere a un pasaje de singular escepticismo; después de aceptarse origen del dolor, después de haber testificado todo el dolor posible, nada hay que al árbol y al hombre conmueva... Ante la certeza del dolor sufrido y la proximidad de la muerte, ofende cualquier asomo de optimismo.

12.- En la actualidad se está leyendo más cuento y novela que poesía, ¿ a qué se debe esto

También debieras añadir que se escucha más radio y se ve más televisión que lo que se lee cualquier género literario. El ser humano generalmente procura el placer al menor esfuerzo. En medio de una sociedad tan intensamente absorbente, con tantas ofertas seductoras, con tanta impersonalidad, con tanto ruido, lo natural es que se acceda a las actividades que no impliquen fuerza de voluntad, más aún si existen alternativas felices, gratificantes, al menos en términos de dejar pasar el tiempo. Los esquemas o géneros literarios que más fáciles se amoldan a los requerimientos de las masas, son los expositivos, en donde los acontecimientos transcurren a modo de la realidad, pero aún mejor, con la certeza de que estamos ante una ficción que nos sitúa en posición de simple diletante, donde los elementos terribles no nos tocan. La poesía, además de exigir una cierta iniciación para su decodificación adecuada, tiende a hablar de los tópicos que intrínsecamente somos, de los pensamientos y sentimientos que nos laceran... La poesía no ofrece comodidad ni acepta indiferencia.

13.- ¿Qué deben hacer los poetas para despertar e incentivar en la gente el gusto y la predilección por la poesía?

Los poetas no son animadores culturales, editoriales, empresas publicitarias o mercaderes; escaso favor hacen a su vocación si gastan sus esfuerzo en la difusión de sus trabajos, en la captación de público lector y no en la creación. Cada autor debe concentrarse en hacer una obra sincera, basada en su habla, en su sociedad, en su conciencia y en el tiempo que habita, el único que puede testificar con certeza y conocimiento de causa. Una vez que la obra esté hecha será más fácil procurarle medios para su socialización, y siempre será más conveniente que su difusión provenga de organismos o personas ajenas a la creación. Claro, esto es utópico, pero escribir poesía en las condiciones en que lo hacemos también lo es.

14.- Enegildo Peña dijo en un escrito que tú eres el último de los poetas estructurales. ¿Tiene él razón y por qué?

En un artículo publicado en el periódico Listín Diario, que agradezco, Enegildo pondera un elemento característico de mi obra, señala que contrario a la actitud sanguínea, espontánea o inspirada en boga, parto de una estrategia de pre-visualización, en donde cercano a la narrativa condiciono la emotividad y el pensamiento a relaciones sistémicas, en función de efectos de largo aliento; en fin, que trabajo los recursos del lenguaje para crear una estructura perceptible para el libro que es constituido por un solo poema. No es un recursos exclusivo, lo han usado, entre otros muchos, Tomás Hernández Franco, Domingo Moreno Jiménez, Héctor Incháustegui Cabral, Pedro Mir, Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer, Freddy Gatón Arce, Manuel Rueda (recientemente en Markandal) Cayo Claudio Espinal y José Enrique García. Cabe señalar que ni una estrategia basada en la espontaneidad expresiva, ni otra basada en una elaboración formal pausada garantizan calidad per se; independientemente de los artificios del autor, es en el poema escrito, no en el cómo, donde radica la trascendencia. Sobre si soy el último, espero que no, algunos autores, por ejemplo Plinio Chaín en su poema Hechizo de la Hybris, también recurren a este tipo de estrategia; lo que sí definitivamente me corresponde es que constituye un recurso que uso de forma constante en todos mis libros.

15.- ¿Qué le hace falta a los escritores de provincia para dar a conocer y hacer valer su obra al igual que los de la Capital?

Probablemente el término escritor de provincia sea ante todo un estado mental, no entiendo ni justifico esta categoría, como no entiendo ni acepto el de escritor de metrópoli. Partiendo de dos términos absurdos valdría preguntarse si validan la existencia de literaturas distintas. Existen escritores y existe la literatura; el modo de crecer en ella es único: escribir, entender y manejar los recursos del lenguaje y tener algo válido que decir. El oficio requerido para domar las palabras es el mismo, al margen de la circunstancia geográfica en que se habite. En un momento en el cual el mundo se denomina aldea, desentona hablar de lejanía o de aislamiento cultural. Los medios que puedan ofrecer las capitales afectan la socialización, no la concepción de la obra. Para crear un gran poema o una gran novela no se requiere de otra confrontación que la del autor con la página en blanco. Ahora sí, para acceder a premios, a editoras, a canales de distribución, definitivamente que se facilita el estar en el lugar donde están estos recursos, pero estos son elementos extraliterarios. (En nuestro país apenas si hay recursos en algún lado). La responsabilidad de todo escritor desconocido, provinciano o capitalino, es cerciorarse si su obra tiene algún valor real, y estar atento, mientras escribe la siguiente obra, a las oportunidades que aparezcan. Insisto, la prisa en literatura es mala consejera y por lo general no deja buenos frutos, sobre todo si los huevos se ponen en canastas de codicia.

16.- En una entrevista concedida al Ateneo de Ponce, en Puerto, dices: la mejor manera de romper el hielo de la crítica literaria dominicana es a través de los concursos, sobre todo si es domiciliado en el interior del país. Sin embargo, he oído a escritores y personalidades del área, hablar sobre la falta de credibilidad que últimamente tienen los premio literarios, porque muchas veces se obtienen por cabildeos, además de que se están premiando temas específicos, lo que provocan que escritores que saben las reglas del juego, escriben cosas estructuradas específicamente para ganarse el premio. ¿Qué opinas sobre esto?

Los premios no hacen a un escritor, tampoco garantizan la calidad ni la trascendencia de su obra. Vale preguntar, dadas las circunstancias que afectan ciertos Jurados (compromisos políticos, proselitismo cultural, amiguismo, incapacidad, etc), ¿cuántas obras de nuestros premios de Poesía Nacionales se recuerdan?... Sin embargo, distinto es el tratamiento que recibe el escritor cuyas obras han concitado algún lauro importante. Los premios tienen de bueno que además de general cobertura periodística y crítica, liberan al autor de la engorrosa actividad de publicación y distribución de la obra, lo que ya de por sí es significativo. Si la dinámica de premiación es realizada por personas capaces, honestas e independientes, entonces la literatura se enriquece, como sucede con los premios otorgados por el premio Siboney, la Universidad Pedro Henríquez Ureña y Casa de Teatro.

17.- Dices que al momento de iniciarte en la escritura no residían poetas en Santiago. ¿Qué quiere decir con esto?

La referenciaa implícita no es textual. Siempre he referido la carencia de una tradición poética en Santiago, es decir, la inexistencia de estética que los poetas noveles puedan aborrecer o superar; en función de la presencia y residencia de autores consagrados que hayan podido ejercer algún tipo de influencia generacional. Indiscutiblemente Santiago ha aportado figuras cimeras para la poesía dominicana como Tomás Hernández Franco, Manuel del Cabral y José Enrique García, pero todos de alguna manera se vieron en la necesidad de emigrar. Probablemente el referente más próximo y concreto lo constituya Héctor Incháustegui Cabral, el cual durante los primeros quince años de la entonces Universidad Católica y Maestra, desde sus cátedras y encuentros informales motivó a un nutrido grupo de intelectuales como Danilo de los Santos, Bruno Rosario Candelier, Rafael Castillo, Carlos Fernández Rocha, Apolinar Núñez, Orlando Alba, Dinápoles Soto Bello, Félix Fernández, Carlos Dobal, Cayo Claudio Espinal y Pedro José Gris. Pero para entonces los que constituimos la más reciente promoción de poetas apenas rondábamos la adolescencia.

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